El caso más normal es el golpe de un niño contra algún elemento del castillo o contra otro niño que participa. Muchos de estos golpes serían perfectamente asimilables a los que los niños se pueden producir en el patio del colegio o en un parque.
Sin embargo un despiste negligente del controlador del aparato, un defecto del mismo que conllevase un corte que no debería haberse producido si el castillo hubiese sido revisado, un hinchado inadecuado que pueda producir esguinces evitables, pueden ser objeto de reclamación y condena ante los tribunales.
Por todo ello, la contratación de un seguro para castillos hinchables, es altamente recomendable, independientemente de que sea obligatorio o no según la zona donde se instale.